Sobre mí
Vengo del negocio. La tecnología llegó después.
Quince años cerca de empresas que tenían que pagar nóminas a fin de mes. Esa es la lente con la que miro cualquier herramienta: ¿esto sobrevive al lunes, o es una demo bonita?
Años en marketing y comunicación para una marca de ámbito nacional, en una junta directiva gallega y levantando empresas propias. Aprendí cómo respira una organización cuando el dinero es finito y cada decisión deja marca —algo que no entra en un curso.
Hoy vivo en el cruce entre IA generativa y automatización. No empiezo por la herramienta; empiezo por el atasco. ¿Qué tarea se repite cada semana, quién la odia, cuántas horas se come? Después elijo: Claude, Codex, n8n, Python, lo que toque. Me siento con empresas y traduzco «queremos usar IA» en un caso de uso que se puede medir.
He construido cosas que funcionan en producción, no en una slide: un pipeline que digiere los XLS del banco y devuelve un informe financiero en lugar de una tarde de Excel, un motor que clasifica miles de transacciones solo. Código propio. Sin pagar un SaaS por algo que cabe en un script.
Lo que me engancha no es la tecnología. Es el segundo en que un proceso que comía horas pasa a ocurrir solo, en segundo plano, sin que nadie lo vigile. Cuando la IA deja de ser promesa y se vuelve aburrida —porque ya funciona.